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Testimonios Colores Encendidos De ardua preparación técnica y académica presentida en la obra actual de Gustavo Machado, subyace un delineado grafismo grácil, espontáneo y raudo en ejecución. Los trazos finos y seguros, sobre todo en la acuarela y la forma y composición eficaz para transmitir emociones, sensaciones y virtudes estéticas magnifíca lo asimilado por Machado de sus maestros Alanís, Chávez Huacuja y Enrique Climent. Su enjundia y gozo en el manejo de los colores encendidos, todos impresos inteligente y artísticamente, en plena armonía, son ya la expresión estéticamente significativa, el sello, la imprenta de este joven maestro del arte pictórico. La iconografía e imaginería formal de su obra reciente transita felizmente en la abstracción, en el diseño de códigos singulares, pero enriquecedores. Subyuga gratamente por su propuesta inconscientemente, alegre, lozana en sus papeles, hacen que el espectador eche a volar la imaginación. Así se cumple la comunicación estética y lúdica que se establece entre el hacedor de las obras y el receptor de los mensajes plásticos. Macario Matus Décadas atrás... Para aproximarse a la obra de Gustavo Machado resulta fundamental rememorar sus trabajos de los años sesenta. En esa época el artista culmina un intenso período de experimentación y búsqueda. Son precisamente estos dos aspectos donde subyace el sólido soporte de la producción que Machado emprendió en los setentas. Sus Cuadros de entonces se caracterizan por la riqueza de un trazo que eslabona las cualidades de un extraordinario dibujante con la potencialidad de un vigoroso pintor. Durante los primeros años de aquella década, Machado incursiona en los ámbitos de la abstracción lírica. El artista por ese terreno con la habilidad de un agudo equilibrista que maneja y ensambla un dibujo depurado con un profundo saber cromático. Machado compone con esmero y rigor; sus lienzos albergan universos en perpetua transformación. Hombre inquieto y febril, decidió abrir un paréntesis en su carrera pictórica para incursionar en otros campos de la expresión artística; sin embargo, su pasión por el lenguaje plástico permaneció agazapado y latente. Nos toca ahora presenciar cómo este impulso se reactualiza y se diversifica en una multiplicidad de propuestas, Machado retoma con la fortalecida convicción que nutre su raigambre de artista; vuelve movido por la necesidad impostergable y ocupar el sitio que le es propio. Fernando Arechavala Lascuraín Esto no acaba... El decir que expreso mis ideas pintando, ni yo mismo lo sé, pinto única y exclusivamente por el placer de pintar. A esto va unido el disfrutar de las formas, los colores, las texturas, los materiales, que me llevan la mano para descubrir nuevos caminos que día a día a mi mismo me sorprenden. Esto no acaba cuando termino un cuadro, ahí es donde empieza “la aventura” desde la primera línea, raya o mancha, me hacen abrir una nueva puerta que no sé a donde me llevará, pero entro, no, sin miedo de lo que voy a encontrar, eso lo disfruto, es como la adrenalina el los deportes de riesgo. El enfrentamiento a la superficie blanca o limpia empieza a despertar en mí, recuerdos, ideas, y la pregunta de siempre; ¿qué voy a poner aquí? trazo la primera línea ya sea curva o recta y así se empieza a generar la estructura de lo que va a quedar finalmente, empiezan a fluir sueños, recuerdos, personajes, rostros, animales, objetos de uso cotidiano, y que salen de pronto, sin proponérmelo, surgen, hecho a volar la imaginación y así voy viendo los resultados; a veces muy satisfactorios y otras veces no tanto. Recurro mucho a los personajes, que en su mayoría son recuerdos de rostros que han dejado en mí algo, personas que alguna vez ví en la calle y las guardé en la memoria y de repente aparecen en mi obra. No me gustan los estereotipos, ni las fórmulas, me interesa descubrir cosas nuevas, inventar, crear, investigar. Ir a museos, galerías para retroalimentarme y ver las nuevas tendencias y propuestas artísticas actuales, los movimientos que día a día se van dando y así tomar de ellos lo que me atrae y seduce, los experimento para ver el resultado que normalmente me lleva a cosas nuevas. Así siento que es mi pintura; cambiante, sincera, comprometida conmigo mismo, que vá evolucionando como lo requieren estos tiempos. Siempre me preguntan; ¿porqué pintaste este cuadro? ¿en que te inspiraste? casi siempre me ponen en aprietos y tengo que recurrir a la memoria, que a veces me traiciona, pero creo que la interpretación de una obra deberá hacerla cada persona; cada una le da una interpretación diferente, y distinto a lo que yo originalmente concebí. Hacer pensar a las personas que ven mi obra es uno de mis objetivos, que se adentren, que se inmiscuyan, eso me da más a mí, ya que lo que yo traté de hacer en un principio, cambia con los diferentes puntos de vista de las personas que los ven. Mi objetivo en el arte es: hacer sentir a la gente, transportarla a otros tiempos, a otros mundos, que su imaginación trabaje, que les mueva algo dentro de sí, que se cuestionen, ya que el arte es sensibilidad, mundos nuevos a los que hay que entrar, abrir las mentes y disfrutar de nuevas experiencias que te llevarán a comprender mejor el mundo que nos rodea. Gustavo Machado
“La belleza sólo le pertenece al que la entiende, no al que la tiene. La belleza no es más que la verdad de cada uno de nosotros.” Carlos Fuentes Gustavo Machado: Lirismo colorido y personal Momentos... en el arte Conocí al artista originario del D.F. Gustavo Machado, antes de la oportunidad de extender mi paisaje y reconocer más de su obra extensa y nutridísima, por sus gallos maravillosos…que ahora descubro, incluye también personajes fabulosos, históricos, toros, objetos mil, o sea que su fantasía se extiende por rumbos insospechados y nos sorprende y agrada con sus ingeniosos descubrimientos. Porque Machado encuentra en su juego metafórico un grato divertimento. Ha hecho de su pintura una filosofía de la vida poética que aplica a todos los elementos del mundo. Y, a pesar de su diversidad, existe la unidad que se identifica con su nombre. El universo expulgado por el artista libera toda clase de seres y cosas, signos que se adaptan a su idiosincrasia o carácter, que nos hace pensar y elucubrar seres y espacios insospechados. En suma, su alma exige ser poblada por las expansiones de su propia imaginación, e incluso ella hace el vacío en sí misma, se concentra, se abstrae, emplea los métodos de exhaución rigurosa y espera ver qué surge de los MOMENTOS de inspiración. Luego se somete al aprendizaje correspondiente, en los setenta inicia el viaje por la plástica en prodigiosa abundancia, y por allí deambulan la nostalgia y el recuerdo y la ironía, sentimientos y emociones mil. Puede partir de cosas simples –como una tetera, por ejemplo- y componer sus metáforas. O introduce a la fuerza los objetos mismos, no su representación, produciendo de este modo una metáfora de segundo grado, conjuntando dos términos que pertenecen uno al arte y el otro, a la realidad. Por otra parte su obra florece con exuberante riqueza de color, que ayuda a extraer la magia, el gracejo y el gesto. Siempre es posible vislumbrar su refinamiento, la esencia, el capricho… o la solemnidad .De este modo se acumulan las proposiciones, nos abruman de imágenes tan admirables para nosotros como las reproducciones normales de la belleza. Los códigos tradicionales observados desde oro punto de vista, son sustituidos por diversas posibilidades, todas de igual validez. Sabemos por otros conductos, que la presencia y labor de su padre, también artista, lo acercó desde pequeño a estos menesteres por lo cual, su primer aprendizaje le llegó por el ejemplo, una provechosa primera lección, un verdadero estimulante. En mi opinión, el papel esencial de su padre fue el de haberlo ayudado, desde un principio, a adquirir conciencia de cuanto ya poseía en sí mismo. Porque si el artista no hubiera sido artista desde su nacimiento, el ejemplo de su padre lo mismo le hubiera podido anular y anquilosar que estimular. Respecto a la técnica, palabra peligrosa y de indefinidas fronteras, Machado parece haberla adquirido en época muy temprana. Lo curioso dentro de la simplicidad que se puede observar en su obra, es que pueden notarse compases de espera –sobre todo cuando el tema varía-, pero, al mismo tiempo, la alegría de la infancia, la cuasi gratuidad del trazo, el placer de la creación perpetua. El afloramiento del talento de Machado se lleva propiamente hablado, desde el primer MOMENTO. El descubrimiento de sí mismo, de sus dones, de su facultad creadora, corre parejo con ese elemento vital de primer orden, que es el descubrimiento del color. Se engolosina pero no nos empalaga: tiene el conocimiento íntimo, profundo de los medios que utiliza y recrea sus ideas, su inspiración, en ese juego que menciono, que le sirve como expresión y, sobre todo, de entrenamiento. Supongo –porque personalmente no lo conozco- que primeramente pinta para sí, hasta quedar satisfecho, y luego expone para que los demás se formen un juicio. A través del tiempo, pues, su lápiz y sus pinceles fueron afirmando la gracia, el buen gusto, el deleite que le significa ser un creador inquieto… e inquietante. Expresarse desde uno de sus trabajos, nos deja ver, al mismo tiempo, como ya decíamos que su mensaje tiende a la sencillez y, sobre todo, al optimismo, al lado “bueno” de la vida, al deleite de un espíritu que sólo quiere alegrar, jamás entrar en la derrota o la desgracia. Todas sus reminiscencias, eso sí, denotan u dejo irónico, simpático, gracioso, simplemente bello. A pesar de todo ello, se adivina en Gustavo Machado una búsqueda constante, la tentación del experimento que irremediablemente lo lleva a superarse, a nuevas emociones, a reacciones inesperadas, a una acción impregnada –eso sí- de color, de tonos múltiples. El artista seguirá tras el encuentro de la visión que libera tópicos y hábitos, al virtuosismo manual, obstinado en cierta forma con un objetivo filosófico y estético. Sus emociones seguirán tomando forma, como hasta ahora y muy seguramente, se planteará el dar forma personal e inequívocamente Machado. “Mi objetivo es:” declaró el artista, “hacer sentir a la gente, transportarla a otros tiempos, a otros mundos, que su imaginación trabaje, que les mueva algo dentrote sí, que se cuestionen, ya que el arte es sensibilidad, mundos nuevos a los que hay que entrar, abrir las mentes y disfrutar nuevas experiencias que te llevarán a comprender mejor el mundo que nos rodea”. Por lo pronto, amigo querido, tenemos ante nosotros a un artista de gran importancia, que ya ha obtenido algunos premios nacionales e internacionales, que lo acreditan como uno de los artistas aún jóvenes del firmamento plástico en nuestro país. Sergio A. Búrquez R. Se vale sonreir “Se vale sonreír” debería decir a la entrada de cualquier exposición de Machado. Lejos de toda solemnidad, a pesar de su impecabilidad técnica y su inagotable creatividad, Machado nos ofrece un universo lúdico rescatado con tierna ironía de los temas y sujetos más cotidianos. ¡Mal asunto para los que se toman a si mismos muy en serio convertirse en un personaje de Machado! Con diestro manejo de las tintas y la acuarela, Machado realiza con espontaneidad sus trazos libres y finos que resultan en composiciones de singular acierto plástico. Son estas las cualidades que le valieron un Cuarto Lugar del Premio “Lorenzo el Magnífico” en la Bienal de Florencia, Italia 2001, donde participaron mas de 600 artistas plásticos de 52 países. Machado ha expuesto su obra con éxito en México, Estados Unidos, Francia, Italia y España, lo cual desmiente que “el arte debe ser solemne”. María Gabriela Dumay Otros testimonios Colores Encendidos - Macario Matus Décadas atrás - Fernando Arechavala Lascurain Esto no acaba - Gustavo Machado Lirismo colorido - Sergio A. Búrquez R. Se vale sonreir - María Gabriela Dumay |
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